Mis 10 series imprescindibles del 2017 (II)

Segunda parte de mis diez series favoritas del 2017 en la que paso a la zona medio-alta de la lista y hablo de la ahora más que nunca reivindicable Transparent, ese viaje al corazón de la frustración que es a menudo BoJack Horseman, la serie más importante de los últimos años Halt and Catch Fire y ese regalo para los millennials más veteranos y treintañeros que es Master of None

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LA MÁS REIVINDICABLE: Transparent

El año en el que Transparent me ha terminado de ganar para siempre y me ha parecido más reivindicable es también el del escándalo por el acoso perpetrado por el actor Jeffrey Tambor, así que lo primero que me gustaría decir es que lamento la triste celebridad que alcanzó la serie durante unas semanas debido a ello y no tanto por el trabajo que su autora Jill Holloway lleva años haciendo. 

Pero el caso es que pienso que Transparent es mucho más que esa caída de su protagonista ——que ha interpretado magistralmente a Maura durante todo este tiempo— y que lo que ha sucedido tras su marcha de la serie no puede ser visto sino como un reto para su autora y todo el equipo que ya llevan mucho tiempo visibilizando una realidad como es la LGTB. Y esta última temporada además ha estado muy centrada en el personaje de Ali (Gaby Hoffman) de lo cual me alegro especialmente ya que se ha convertido con el tiempo en mi personaje favorito y eso también facilita la serie para una transición mejor sin su protagonista Maura.

La cuarta temporada se ha centrado esencialmente en un viaje a Israel que ha sido tan físico como metafórico y de auto descubrimiento para sus protagonistas. Algo que ha servido para reflexionar también a nivel político y social sobre determinadas realidades que nunca son binarias sino que se mueven en una bonita y compleja escala de grises. Y es que esa precisamente ha sido una de las ideas centrales de la serie: muerte a lo binario.

Transparent siempre da la sensación de ser una ficción ligera y los capítulos suelen pasar en un suspiro, su ágil dirección la hace un producto fácil de consumir en un sentido más narrativo pero al mismo tiempo deja el poso que dejan las grandes historias ya que cuenta con personajes muy humanos y complejos. Y es en ese terreno en el que la serie siempre se hace grande; habla de personas y es capaz de pasar de la sonrisa al nudo en la garganta en cuestión de segundos por su talento al desnudar tan bien las emociones de sus protagonistas como las de la audiencia.

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LA DE ANIMACIÓN: BoJack Horseman

Aunque hace años que la animación tiene presencia en la era (ya no sé en cuál estamos) de las series de la televisión, sí que uno tiene a menudo la impresión de que hablar de ellas es una reivindicación constante. Todavía a día de hoy muchos toman con cautela y cierto prejuicio el empezar una serie de dibujos animados como si ésta no fuera capaz de hablar de la vida tan bien o mejor incluso de lo que lo hacen las series “con personas de carne y hueso”, pues BoJack es un personaje más real y profundo que el de muchas ficciones acartonadas que podemos encontrar por ahí.

La cuarta temporada ha sido una de las mejores sino la mejor porque ha sido capaz de desplazar un poquito el eje central de la serie de su protagonista masculino a otros personajes secundarios. Y por ello ha sido la temporada en la que, por ejemplo, hemos visto brillar más a Princess Carolyn con una trama íntima y realmente conmovedora que ha reforzado al personaje con esas capas de fortaleza que siempre ha tenido. Y es que tras este último año se ha convertido en la favorita de mucha gente.

La serie también ha seguido explorando la relación sentimental de Diane con Mr. Peanutbutter con las crisis vitales de ella y él protagonizando una de las tramas que ha dado pie a que la ficción se pusiera más satírica a nivel político y social, como ya nos tiene acostumbrados. Porque BoJack Horseman no es solo una serie sobre personajes sino que también es una radiografía de la Norteamérica actual que nunca ha tenido miedo de poner sobre la mesa los asuntos más delicados y controvertidos para ofrecer su pocas veces sutil visión de ellos.

De todas formas no podía terminar sin hablar de BoJack porque, pese a que a veces se critique que la serie gira mucho a su alrededor impidiendo que otros personajes brillen al mismo nivel, es verdad que ha protagonizado algunos de los momentos más emotivos de la temporada con el vínculo con sus ancestros y ese viaje de auto conocimiento, amén de tener el que probablemente sea el mejor episodio de este cuarto año; “The Old Sugarman Place” con una de mis escenas favoritas de toda la serie. Sin exagerar.

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LA QUE LAMENTARÁS NO HABER VISTO: Halt and Catch Fire

No es la mejor de esta lista pero probablemente es la recomendación más importante porque, cuando acabé de ver hace ya varias semanas el último capítulo, me quedé pensando unos minutos en cuál había sido el recorrido televisivo de Halt and Catch Fire durante todo este tiempo en comparación a otras ficciones de la actualidad que gozan de un mayor reconocimiento. Y aunque detesto hacer comparativas a la hora de hablar de una serie, en este caso me lo voy a permitir y voy a decir que para mí ha sido la nueva Mad Men, y a un nivel más personal hasta la prefiero a la serie de Matthew Weiner.

No digo que tenga una calidad superior, pero lo cierto es que su recorrido me ha llegado más en numerosas ocasiones.

Halt and Catch Fire ha hablado de una revolución (la tecnológica) y al mismo tiempo ha supuesto otra revolución dentro de la pequeña pantalla, porque el milagro de la ficción más elegante y cuidada ha sucedido de nuevo. Y sus personajes, dos mujeres y dos hombres, han capitaneado esa revolución y han evolucionado al ritmo de los tiempos de cambio que les ha tocado vivir.

Hablar de esta serie y sobre todo de su temporada final es hablar de Donna Clark y Cameron Howe, es hablar del fracaso y del triunfo, de volver a intentarlo, de un futuro tan incierto como prometedor y de la lucha constante por hacerse un nombre en el mundo, ya sea que uno se dedique a la publicidad o a la informática. 

Y por eso Halt and Catch Fire es tan valiosa, podemos citar su excelente dirección, su cuidado estilo visual, un guión que ha hecho evolucionar de forma creíble y orgánica a sus personajes durante cuatro años o sus precisamente cuatro protagonistas que representan a la perfección esas diferentes visiones y formas de entender un mundo que es hostil, tanto a nivel personal como profesional.

Halt and Catch Fire ha sido una serie tan ambiciosa y valiente como sus protagonistas. Y también ha sido un producto con una marcada trayectoria feminista y ese es otro gran elemento a destacar.

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LA QUE PASÓ DE BUENA A MARAVILLOSA: Master of None

En 2015 cuando Netflix estrenó Master of None no le presté mucha atención de entrada, y eso que conocía a Aziz Ansari por su personaje Tom Haverford en la queridísima Parks & Recreation …o puede que por eso mismo en un principio fuera un poco cauteloso con ella, ¿una serie con él de protagonista absoluto era demasiado?

En cualquier caso no fue hasta algo más adelante que empecé a verla, empujado en parte por algunos comentarios de amigos y conocidos, y por aquel entonces lo que me encontré fue una sorprendente y notable primera tanda de diez capítulos. Una serie carismática que hablaba de la vida —especialmente de la etapa treintañera— de un modo con el que conectaba mucho, con guiños de toda clase y un Aziz Ansari que interpretándose a sí mismo ofrecía su simpática y a veces perdedora pero siempre entrañable visión del mundo, y que al mismo tiempo nos abría las puertas a su vida, amigos y relaciones más íntimas.

La segunda temporada ha sido otra historia, aunque en cierto modo ha seguido siendo la misma. Ha sido un “más y mejor” en su significado más deseable, esa continuación soñada que tanto cuesta de ver, por ejemplo, en el mundo del cine. Aziz Ansari ha expandido su propio universo y profundizado a todos los niveles; con sus personajes, sus aventuras, sus relaciones… es una temporada que, sin olvidar el componente cómico y liviano que caracteriza su pequeño cosmos, introduce conflictos más profundos y sobre todo hace un homenaje cinematográfico continuo que va desde el primer episodio hasta el último.

¿Y en medio qué encontramos? Pues en medio tenemos capítulos de toda condición como el satírico Religion, pasando por NY, I Love You —que sigue diferentes vidas de ciudadanos anónimos en la ciudad que nunca duerme— o el extraordinario Thanksgiving para finalmente concluir con dos horas de televisión que acaban de trazar de forma magistral ese complejo entramado sentimental que es toda la temporada. Además es también al final cuando descubrimos —como si se tratara de una profecía de lo ocurrido los últimos meses— los abusos sexuales del personaje de Bobby Cannavale, el célebre Chef Jeff.

En definitiva, Master of None es la serie que ha crecido hasta convertirse en una de las grandes reivindicaciones del año televisivo y su creador Aziz Anzari en un autor referente. Al menos hasta la fecha.

Continuará… y acabará.

Podéis encontrar la primera parte aquí.

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