Las películas de mi vida (II)

Lost in Translation, 2003 (Sofia Coppola)

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I just feel so alone, even when I’m surrounded by other people

Mientras buscaba qué frase de la película podría ser el pie de la imagen que encabeza esta entrada, casi me pongo a llorar. Este es mi vínculo con Lost in Translation, un estado anímico, un sentimiento, un estadio vital que me ha acompañado toda mi vida y que sigue haciéndolo. Hay frases y reflexiones en ella que habría que grabarse a fuego, puesto que le ayudan a uno a comprenderse mejor en estas etapas en las que nada es seguro, se duda de todo e incluso no se llega a tener claro quiénes somos ni a qué hemos venido.

Me gusta el cine de Sofia Coppola en general y lo defenderé siempre, como dijo un buen amigo y cinéfilo admirado «Nadie filma la nada como ella». No sé si fueron las palabras exactas pero esa es la idea; nadie representa mejor ese vacío, ese nihilismo existencial que en el fondo parece que rige nuestras vidas.

Y pese a todo, creo que Lost in Translation’ es una película que hay que ver con cierto optimismo, que se esfuerza en capturar esos momentos en los que conoces a alguien especial y haces tonterías, pero que ya tienen un significado especial solo porque las estás haciendo con esa persona y en definitiva —y como ocurría también en aquella obra maestra de Billy Wilder— compartes tu soledad con alguien.

¿Y no es esta un poco la esencia de las relaciones? Más allá de lo puramente físico (el sexo…) o lo material (un hogar…), compartir sentimientos y experiencias. Desde luego para mí vale más algo así que años de cotidianidad y monotonía. Y la hay, más de lo que nos parece.

En definitiva, veo Lost in Translation como una parte de mí que me recuerda que pese a sentirme tan perdido en algunos momentos de mi vida, hay razones para seguir. Y que muchas de las mejores experiencias pueden surgir de la casualidad más absoluta, y a menudo se sienten fugaces pero valen cada minuto aunque luego nos acompañe una pena inmensa.

Y que las almas gemelas existen, y que no es solo una.

Solo agradecer haberlo vivido.

Eyes Wide Shut, 1999 (Stanley Kubrick)

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So, because I’m a beautiful woman, the only reason any man wants to talk to me is because he wants to fuck me? Is that what you’re saying?

Lo que me gusta ver a un buen matrimonio diseccionado —metafóricamente hablando— en pantalla no es normal. No en vano Bergman es mi cineasta favorito, alguien que se ha adentrado en las emociones humanas como nadie, en los rincones más oscuros del alma. Kubrick hace algo similar en Eyes Wide Shut y aunque mi película favorita siempre será su aventura espacial, la relación del matrimonio Harford (interpretado de forma absolutamente magistral por un Cruise y Kidman que jamás han estado mejor) va justo detrás.

La última película de Kubrick, también la menos apreciada de entre sus más grandes trabajos, es una de las historias que más en el fondo me han llegado, sacando mis demonios y exorcizándolos de algún modo. Una película que se adentra totalmente en los deseos y pensamientos más oscuros del hombre, y que analiza como ninguna otra su compleja y contradictoria figura.

Pero es que Eyes Wide Shut habla de muchas otras cosas, y eso es lo que uno descubre y re descubre cada vez que vuelve a ella. Nuevos matices, nuevos enfoques y nuevos acercamientos a temas tan sugestivos como la hipocresía, la moral, el miedo y las inseguridades, el sexo…

Una de las mayores cualidades de cualquier película es también todo aquello que no dice de forma explícita pero que sin embargo está ahí, y en esta película y en Kubrick en general esto es un gran valor sino EL valor de su cine. Eyes Wide Shut te desnuda y te lleva por caminos misteriosos, te obliga a enfrentarte a tu propia forma de entender y ver el mundo y a las personas, a tu propia moral ..y a ejercer un rol de voyeur pocas veces tan incómodamente impuesto en el cine.

Tres colores: Rojo, 1994 (Krzysztof Kieslowski)

Three Colours Red Films Movies

Perhaps you’re the woman I never met

Permitid que empiece mencionando la trilogía Antes de… de Linklater, tengo que confesar que hace mucho tiempo que no he sido capaz de volver a ella, me lleva a terrenos y a recuerdos que todavía me duelen y que no he sabido superar del todo, me avergüenza pero es así. Por ahora, simplemente, no puedo volver.

En cambio, la trilogía de los colores de Kieslowski sí que ha sido un auténtico refugio y terapia para mí estos últimos tiempos. Cuando hace unos meses volvió a las pantallas de cine y tuve la oportunidad de recuperarla, fue un redescubrimiento total. Supongo que durante mucho tiempo me he sentido más cómodo en el dolor que en el romanticismo idealista y por eso he encontrado consuelo en Trois couleurs y particularmente en Rouge..

 Creo que una cosa que hace muy bien Kieslowski en esta trilogía es el profundo estudio del dolor y la frustración como estado mental del que no es fácil escapar. Así se sienten algunos de los personajes (curiosamente masculinos), como es el caso del protagonista de Rojo, Jean-Louis Trintignant. Un juez retirado con un pasado que no ha cerrado ni superado y que combate, de forma errónea, desde el escritorio de su casa haciendo escuchas telefónicas a sus vecinos en un acto de voyeurismo absoluto. Valentina (Irène Jacob), como si de un espejismo del propio pasado del juez se tratase, sirve para destaponar esa frustración y desligarle en buena parte de ese pasado.

Kieslowski es un hombre inteligente y juega muy bien con los paralelismos en la película, dirige de forma hábil el dolor presente y pasado de las dos tramas principales y las dota de una trágica poesía y melancolía. Rojo es así una historia sobre las casualidades que determinan nuestra vida y la volubilidad de nuestras acciones.

Todo ello hace que el espectador viaje al mismísimo corazón de la película. Y esa es la magia de la trilogía de los colores; es una evolución desde Azul, pasando por Blanco y hasta Rojo, no únicamente en lo formal ya que cada entrega está más depurada que la anterior, sino también en su fondo ya que las emociones también se van purificando hasta tomar una forma esencial.

Trois couleurs: Rouge es una obra inagotable que aguanta las miradas de cualquier persona que se acerque aún a día de hoy por primera vez (o no). El testamento de un artista que lamentablemente falleció dos años más tarde y no pudo ofrecer al mundo más talento, pero nos dejó este cofre en forma de trilogía y particularmente este diamante que es Rojo.

Mi color favorito gracias a él.

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