Una reflexión documental

Sometimes you have to lie. One often has to distort a thing to catch its true spirit.

Robert J. Flaherty

Un tema de discusión recurrente en el mundo del cine es el del género documental.

¿Qué se considera un buen documental y qué no? ¿Hay diferentes tipos de cine documental? ¿Es lo mismo hablar de película que de documental? ¿Por qué solemos hacer esa diferenciación? Y finalmente, ¿qué hay de la frontera entre documental/realidad y ficción?

No pretendo responder a cada una de estas cuestiones, ni mucho menos hacerlo de forma categórica. Creo que la riqueza se encuentra precisamente en el debate y en la cantidad de puntos de vista que se arrojan a menudo por parte de distintos medios y/o personas. Sin embargo, para mí existen dos grandes tipos de documentales, y esto se puede coger con todos los matices del mundo, ésta es solo la conclusión a la que he llegado con el cine visto hasta ahora.

Existe un primer tipo de cine documental al que asimilaría a una especie de reportaje, en el sentido que su fondo o contenido es mucho más relevante que su forma. Por no decir directamente que su gran valor radica en lo que expone y/o denuncia sin considerarse demasiado otros valores cinematográficos. Y para no confundirlo con la segunda clase de documental —que en realidad también está exponiendo y/o revelando algo como cine que es— diré que este primer tipo de documental podría ser leído o visto en cualquier otro soporte que no fuese el cinematográfico y probablemente tendríamos la misma información que nos ofrece la película.

De acuerdo, no veríamos imágenes y seguramente el impacto sería diferente, porque ya sabemos que una imagen vale más que mil palabras …pero es que no todas las imágenes valen más de mil palabras. Es decir, no todas las imágenes son capaces de aportar más información que las que nos pueden revelar diez, quince o veinte párrafos de un texto. Para empezar, porque no se trata únicamente de mostrar imágenes sino que éstas sean capaces de narrar sin la necesidad de una voz en off y/o testimonios que lo vayan contando todo, cosa que a menudo ocurre en este tipo de documental.

Un buen ejemplo de ese primer caso sería para mí el documental Ciutat morta (2014, Xavier Artigas y Xapo Ortega) que, dejando de lado lo discutible de su contenido y punto de vista, está claro que es un documental-denuncia cuya gran ventaja es la de poseer una información que hasta el momento de su emisión no había estado nunca en manos del gran público, y que se alimenta de un escándalo la importancia de la cual se encuentra en el hecho de que reaviva un caso judicial muy polémico y puede incluso establecer un nuevo debate y reflexión alrededor de todos sus afectados.

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Fahrenheit 9/11 (2004, Michael Moore)

Otro ejemplo lo encuentro en el cine de Michael Moore, que también considero que juega en la liga del documental-denuncia, cuyo punto de vista además ha sido cuestionado no pocas veces. Aunque por otro lado eso no impida que esos documentos posean un gran valor, sean muy reveladores y sirvan para concienciar a gran parte de la sociedad del mundo en el que  vivimos. Lo a menudo tendencioso y/o sesgado de ellos no debería impedirnos ver una realidad existente. Y si, como espectadores, somos capaces de contemplar la fotografía completa y no quedarnos únicamente con el discurso y punto de vista de la cinta, mucho mejor.

Siempre encontraré interesante y necesaria la utilización del cine-documental únicamente como medio para remover la conciencia de las masas, algo que además se ha hecho desde el principio.

El segundo tipo de cine documental y el que es para mí el más relevante y el que realmente da sentido al género es aquel que para empezar sí aprovecha todos los elementos que posee el medio cinematográfico para expresarse y cuya forma es mucho más completa. Decía Godard que son las formas las que nos dicen finalmente qué hay en el fondo de las cosasy eso viene a significar que solo aprovechando al máximo las formas del medio cinematográfico podemos llegar a la máxima expresión del mismo.

Y es entonces también cuando la temática del documental pasa incluso a un segundo plano, porque da igual que hablemos de la naturaleza, de la vida y obra de un artista o de un suceso histórico… el tema se puede abordar siempre de mil y uno puntos de vista distintos pero lo que verdaderamente importa al final es que el espectador no puede concebir lo que está viendo en ningún otro medio que no sea el cine. Porque se estarán potenciando aquellos aspectos esenciales de un medio que es enteramente audiovisual para expresar algo.

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Sans soleil (1983, Chris Marker)

Hay muchos y variados ejemplos de ese otro cine-documental que a parte de hablarnos de una temática concreta también pone de manifiesto la capacidad del cine de transformarse y de algún modo suponen un cambio de paradigma respecto a ese primer ejemplo de cine-documental más unidimensional.

Nuit et Brouillard (1955, Alain Resnais), The War Game (1965, Peter Watkins), Le fond de l’air est rouge (1977, Chris Marker), Sans soleil (1983, Chris Marker), El sol del membrillo (1992, Víctor Erice), Baraka (1992, Ron Fricke), No quarto da Vanda (2000, Pedro Costa), En construcción (2001, José Luis Guerín) o Elena (2012, Petra Costa).

Sirvan todos ellos de ejemplo —y ya de paso de recomendación— de ese segundo cine documental que para mí va más allá de su propia temática para reflexionar —de forma más o menos buscada— sobre el documental en sí mismo y sus capacidades. Es cierto que algunos de los mencionados tienen una clara vocación experimental, ¿pero qué es lo experimental sino ese intento —a veces frustrado— de que el cine y por extensión el documental avancen hacia algo nuevo?

Chris Marker, Alain Resnais, Ron Fricke, Víctor Erice, Pedro Costa o José Luis Guerín son nombres que cualquier cinéfilo tiene presentes a la hora de hablar de este arte y sobre todo a la hora de hablar de la importancia del documental. Todos ellos han sido capaces de plasmar unas determinadas inquietudes (históricas, sociales, políticas, artísticas, humanas…) en sus obras acorde a una forma de ver y entender el mundo que les rodea. Pero también han sabido elevar el concepto del cine documental a otra cosa, han cuestionado la difusa línea entre ficción y realidad, la percepción del espectador y el modo en cómo éste interactua con la obra. Se trata de ir más allá de la exposición-denuncia para encontrar nuevas formas de narrar, de concienciar y de implicar en este arte sin renunciar a la forma plena del mismo.

Volviendo a la reflexión inicial, para mí el documental es un universo muy extenso dentro del ya extenso universo cinematográfico y siempre defenderé que deben caber infinitas miradas en él. Así que más que buen o mal documental lo que hay son diferentes formas, algunas más plenas que otras en función de lo que se busque ofrecer o de lo que cada uno quiera encontrar. Sobre la diferenciación entre los términos película y documental, creo que se trata de una cuestión puramente de lenguaje que hay que intentar vencer ya que al final hablamos de lo mismo; de cine.

Y finalmente, aunque la principal expresión del documental sea la de mostrar un aspecto de la realidad, creo que es difícil despojarse al 100% de esa idea ilusoria y de irrealidad tan intrínseca al cine. El debate sigue más abierto que nunca.

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